viernes, 26 de junio de 2009

Screamin jay Hawkins el bluesman salvaje





Esto es un hombre ....

































Screamin' Jay Hawkins pasa por ser uno de los bluesman más originales de la historia. El apodo de screamin' (gritón) no es casual, sus canciones están llenas de chillidos y terror. Como fundador de lo que se conoce como Shock Rock, su discografía se basa en temas referidos al voodoo, el demonio y diversos rituales entre el terror y la parodia. Nació el 18 de Julio de 1929 en Cleveland (Ohio) de casualidad; su madre vivía en Washington D.C., pero por razones desconocidas, le pegaron una paliza y la subieron a un autobús con destino a Cleveland, donde llego justo a tiempo para parir y meter a su hijo en un orfanato, donde fue adoptado con 18 meses por unos indios Pies Negros. Su madre adoptiva tenia un montón de hijos, cada uno de un padre distinto, hasta el punto de que el propio Hawkins llega a dudar del numero de hermanos que tiene. Siendo un niño, aprende a tocar el piano y a componer música, estudiando piano y canto (siempre quiso dedicarse a la opera) en el conservatorio de Ohio. Con 14 años empieza a boxear, deja el instituto y miente sobre su edad para poder ingresar en la armada y luchar en la segunda guerra mundial (solo aceptaban a gente a partir de 15 años.) Comenzó a tocar el saxo en el ejercito, según las fuentes oficiales, entro en los Servicios Especiales, y se dedico a entretener a las tropas en los Estados Unidos, Alemania, Gran Bretaña, Japón y Corea, pero él afirmaba haber luchado en el Pacífico, donde fue hecho prisionero en la isla de Saipan, ya que se lanzo en paracaídas y fue a caer en zona enemiga, era su primera misión así que no llego a disparar ni un solo tiro. Le rescataron año y medio después. Tras 3 años en la armada, cambia a la fuerza aérea, además de ese trabajo, se sacaba un sobresueldo como boxeador, llego a ganar alguna competición amateur y consiguió el titulo de los pesos medios de Alaska derrotando a Billy McCan. Hawkins toca con quien puede, va cambiando de banda en banda [/b](fue despedido de la de Fats Domino por salir en varias ocasiones al escenario con un traje color piel de leopardo y un turbante) [/b] En noviembre de 1955 registró su canción mas famosa “I Put A Spell On You" para el sello Grand Records, la canción era una simple balada, una canción de amor compuesta para que una ex-novia volviese con él, hasta que en diciembre de 1955 firma con el sello Okeh, una subsidiaria de Columbia. El productor Arnold Maxim (al que llamaban Maxon) quiere volver a grabar “I Put A Spell On You” para que suene mas salvaje, aunque Hawkins desea que siga siendo una balada, por lo que Maxon organiza un pequeño picnic antes de la grabación en el que da a Hawkins y los músicos cantidades enormes de costillas, pollo, patatas asadas, cerveza, vino y whiskey, hasta el punto de que Screamin’ no recuerda nada de la grabación, cuando la escucha, no se cree que pueda ser él quien esta cantando así, pero se convenció al ver fotos tomadas durante la sesión, la idea de poder emitir esos sonidos no debió hacerle mucha gracia, ya que su reacción inmediata fue quemar una copia del disco. “I Put A Spell...” supuso un antes y un después en su carrera, antes de ella era solo Jay Hawkins, pero después fue el autentico Screamin’ Jay Hawkins. La canción fue prohibida en las emisoras de radio de todo el país, decían que era “canibalistica,” que sonaba “como un hombre comiéndose a alguien”, así que recortaron las partes ofensivas, y se convirtió en un gran éxito. Tiene, además, un extraño record: esta balada cuenta con casi cuarenta versiones distintas entre las que se destacan las de Creedence Clearwater Revival, Nina Simone, los Who, David Bowie y una nueva versión grabada en los 80 por el propio Hawkins. En diciembre de 1956, Screamin’ actúa en el Alan Freed's 1956 Christmas Rock 'n' Roll Revue en Nueva York, apareciendo en el escenario dentro de un ataúd envuelto en llamas, también uso para la ocasión una serpiente de goma, esqueletos, una maquina de humo y una capa de satén negro, todo muy navideño. En un principio no le emocionaba la idea de aparecer dentro del ataúd, pero Alan Freed le ofreció 2000 dólares si lo hacia. Aunque el ataúd se convirtió en un clásico de sus directos, también era un fastidio, ya que ni las funerarias ni los fabricantes querían vendérselos debido al uso “irreverente” que les daba, además le dio algún que otro susto, para evitar quedarse atrapado, colocaba una caja de fósforos en el mecanismo de cierre, en una ocasión en el Apollo, pidió a un miembro de los Drifters que colocase la caja de fósforos pero no lo hizo, entró en el ataúd, le sacaron al escenario, y se dio cuenta de que no podía salir, empezó a llorar, gritar y a pegar patadas, lo que hizo que el ataúd cayera al suelo y se abriese. El publico pensó que era parte del espectáculo, pero él, hecho una furia, olvido donde estaba y empezó a golpear a todos los miembros de los Drifters que podía. No volvieron a hablarse en siete años. En el 58 graba su primer LP, “At Home With Screamin’ Jay Hawkins”, y hace una gira por los





















Estados Unidos con Chuck Willis y Nappy Brown, cada uno con un cadillac y una caja de Whiskey, Bourbon y Brandy, parándose en los arcenes para improvisar un bar. En la actuación de Nueva York, sale del ataúd llorando y rascándose, habían metido un mono con el en el ataúd, y el pobre animal tenia diarrea. En el show de Chicago, el propietario del club no estaba de acuerdo con los honorarios, así que Screamin’ puso 3 veces mas cantidad de pólvora para los efectos especiales, cuando le dijeron que prendiese fuego a la mecha... Desde el 59 al 62, estuvo 22 meses en prisión, sin que haya mas datos al respecto. Conoce en Honolulu a Virginnia Sabellona, una chica seis años menor que el con la que se casa en 1963. La boda no debió hacerle mucha gracia a Shoutin’ Pat, ya que le atacó con un cuchillo de carnicero de 22 cm, perforándole el diafragma y un pulmón, lo que le tuvo un hospitalizado un tiempo, que aprovecho para componer canciones como su clásicos “Constipation Blues”, maravilloso canto al estreñimiento: “Got a pain down inside / Won't be denied / Yeah, every time I try / I can't be satisfied / Let it go!” En los 70 sigue grabando discos y actuando, viviendo en ciudades como Hawai, Nueva York y algunas de Europa. En la noche de Halloween de 1979, actúa en el Club 57, en una fiesta en la que se ponen trailers de películas de terror entre las actuaciones de las bandas. Hay cabezas de cordero colgando de lámparas de araña, telarañas y cortinas de color rojo sangre, junto a el tocaron la banda de travestidos Marilyn y The Misfits, ese mismo año graba dos canciones con Keith Richards a la guitarra, “I Put A Spell On You” y “Armpit No. 6”, ambas se pueden encontrar en el 7” “I Put A Spell On You” y en el CD “Portrait Of A Man”. En 1981, actuó como telonero de los Rolling Stones en un concierto en el Madison Square Garden, en 1983 aparece en directo en la televisión francesa, tocando “Constipation Blues” junto a Serge Gainsbourg (gran fan de Hawkins), también gira por Australia con Nick Cave en el 85. Es en esta década cuando empieza a trabajar como actor, en 1988 aparece en la película “Two Moon Junction”, protagonizada por Sherilyn Fenn, a la que dedico una canción en su álbum de 1993, “Stone Crazy”. también interpretara al recepcionista de noche en la película “Mystery Train” de Jim Jarmusch que ya utilizo la grabación de “I Put A Spell On You” de 1956 en “Extraños En El Paraiso” (1994). La película se presento en el festival de cine de Telluride, Colorado, donde subió al escenario y se puso a gritar delante de todas las estrellas de cine e intelectualoides que se encontraban allí.. En 1989 hace una gira por Gran Bretaña, y en 1991 por Nueva Zelanda con la banda punk The Hallelujah Picassos. En 1993 se instala en Paris. Debido a la oposición de Tom Waits a que se usen sus canciones en anuncios, Levi’s usa una versión de “Heartattack And Vine” hecha por Hawkins en una campaña para Europa. En su ultima época actúa en diversos festivales de blues y de jazz. En esta década es en la que mas versiones se han hecho de canciones de sus canciones, desde Elvis Costello hasta Marilyn Manson, y su música se usa en multitud de programas de televisión, desde “Las aventuras de Lois y Clark” hasta “Expediente X”. En noviembre de 1998 acude a la premiere de la película “Perdita Durango” de Alex de la Iglesia, pelicula en la que hizo el personaje de "Adolfo". El 12 de febrero de 2000, muere en Neuilly-sur-Seine (Francia) con 70 tras haberse sometido a una operación para tratar un aneurisma. Deja 57 hijos según sus propias cuentas (aunque alguna vez se le oyo decir que eran 75), la gran mayoría de ellos ni los conoce, por lo que aparece una campaña a nivel mundial hecha por sus amigos para encontrarlos, las ultimas noticias que tengo es que han localizado ya a 37 en lugares tan disímiles como México, Finlandia, Inglaterra, Yugoslavia, Australia y Corea. Negros la mayoría pero también blancos, mulatos y orientales. Cuando muera, no quiero ser enterrado, ya he estado en demasiados ataudes.











Un tipo que berreó como un cerdo, se tiró ridículas pedorretas con la boca, graznó, eructó, regurgitó y estrujó sus cuerdas vocales hasta el paroxismo para convertir el primer rock, allá por los 50, en ceremonia chamánica, magia negra, teatro animal, tren de la bruja vudú.
Pura víscera sonora, no sin espacio para la autoparodia.




Hawkins (Cleveland, 1929) fue campeón de boxeo de joven e intentó triunfar en la ópera (timbre tenía, vive Dios), pero a mediados de los 50 se le fue la pelota vete tú a saber por qué. Ya nada fue como antes.
La voladora versión de la Creedence Clearwater Revival
De golpe y porrazo aportó al rock, en 1957, la archiversionada 'I put a spell on you', pantanoso blues sobre el hechizo amoroso, o tal vez sobre una suerte de posesión infernal: una volcánica balada repleta de aullidos, carcajadas y atavismo a cañón.
Antes ya apuntaba maneras. Fats Domino le despidió de su banda por aparecer en escena bajo un enorme turbante. En uno de sus primeros shows, salió tan campante de un ataud en llamas. Cosas así.
Cualquiera hubiera dicho que se trataba de un vociferante esquizofrénico escapado del manicomio. El atuendo tampoco ayudaba: pieles de leopardo, cuero en diversos tonos (ninguno pastel), mallas, huesos de esos que usaban los indios de Sting, su calavera favorita (llamada Henry)...
En definitiva, una pura reivindicación de lo afro en un momento en que los músicos blancos empezaban a expoliar aquel invento de los negros, el rock.
Ahora nos lo tomaremos a coña, pero a finales de los 50 el tío se tiró dos años en el trullo. Más o menos en la época en que también visitó el talego Chuck Berry. El rock en verdad podía embarazar a muchachas vírgenes y tal de aquella.
Hawkins, un Little Richard aún más psicótico, ya no volvió a aparecer demasiado bajo los focos de la fama, pero su sombra fue alargada por esa alucinada manera de dejar fluir su locura: cavernícola con la voz, en el límite de la escatología sonora, de vez en cuando le pegaba un arreón al piano y se quedaba tan ancho.
La versión de Marylin Manson me parece cojonuda
En nuestro triste periodismo musical (¿triste? ¿por qué?) se usa muy gratuitamente la divisa esa del animal escénico: Screamin' Jay Hawkins, que palmó en 2000 después de salir (curiosidad) en 'Perdita Durango' (manda cojones), sí que fue un auténtico animal de escenario. Pero uno de los de encerrar en jaula bajo siete llaves.
Sobra hablar de su influencia sobre, sin ir más lejos, los ladridos de Tom Waits. De quien por cierto grabó 'Heartattack and Vine' para un anuncio de vaqueros, triste vida (Waits se negó).





articulo aparecido en el mundo.es








Los 75 hijos de Screamin' jay hawkins


Todos recuerdan que entraba al escenario dentro de un ataúd en llamas, que era venerado por los Stones, que actuó en películas de Jarmusch y Alex de la Iglesia y que reinventó el blues en tiempos del rock. Lo que pocos saben es que, antes de su muerte en febrero de 2000, Screamin’ Jay Hawkins legó su inmensa fortuna a todos sus hijos. Asunto que sería sólo un trámite si no fuese porque la cifra es incalculable: ya aparecieron más de 75 en todo el mundo y hay un sitio en Internet para seguir buscando.


Por Claudio Zlotnik


POR SERGIO S. OLGUIN

Hay muchas más posibilidades si uno es negro, pero si se tiene la piel blanca, amarilla o de cualquier otro color, no hay que perder la esperanza. Cualquiera puede ser hijo del bluesman Screamin’ Jay Hawkins. El mítico cantante falleció el 12 de febrero de 2000. Tenía 70 años y dejaba, además de algunos discos del mejor blues, más de 75 hijos no reconocidos que ahora sus abogados buscan por el mundo. Algunos ya fueron ubicados en distintos estados de Norteamérica y hasta en Honolulu. Pero hay quienes dicen ser hijo suyo en lugares tan disímiles como México, Finlandia, Inglaterra, Yugoslavia, Australia y Corea. Negros la mayoría pero también blancos, mulatos y orientales. Si alguien cree que es uno de los herederos del gran cantante, no tiene más que ir a la página en Internet dedicada al tema (www.jayskids.com) y ponerse en contacto. Una búsqueda digna del gran Screamin’, loco y desbordante.CUESTION DE HECHIZOS Cuando todos creían que el hombre molesto del blues terminaba sus correrías en un hospital de Neuilly-sur-Seine, en Francia, víctima de una aneurisma, Screamin’ Jay Hawkins multiplicó la apuesta. Y cómo. La multiplicó en principio por 57, pero ahora ya son más de 75 los hijos posibles del creador de “I Put a Spell on You”. En los últimos años de su vida, Screamin’ había repetido a todos los que quisieran escuchar que había echado mucho más que un hechizo en las mujeres que se le habían acercado a lo largo de cuatro décadas de carrera musical.Cuando murió, lo acompañaba su sexta esposa oficial, una camerunesa con la que había compartido sus últimos años. Se había trasladado a las afueras de París empujado por un amor francés anterior y por su rechazo hacia los Estados Unidos: “Odio Norteamérica porque soy negro”, declaró en una entrevista. “Allá, si sos negro no sos nada. Norteamérica es nuestro peor enemigo. Todos los grandes artistas negros estuvieron bajo el control de los blancos: Nat King Cole, Duke Ellington, Count Basie...”. Su quinta esposa oficial, de la que se separó en 1994, era una parisina de 30 años. Cambiaba de esposa fácilmente y no cuidaba mucho los detalles de la paternidad, pero no se separaba nunca de sus dos relojes (uno con la hora de la Costa Oeste norteamericana) ni de su colección de calaveras. “He llegado a un momento de la vida donde me pagan sin que tenga que trabajar”, afirmó por entonces mientras se reía con la misma carcajada con la que se reiría el diablo si supiera reír.MUSICO Y PIRATA Mientras en 1929 el mundo vivía el Crack de la Bolsa, en Cleveland (Ohio) nacía Jalacy J. Hawkins, a quien la historia del blues le tenía guardado el nombre de Screaming. O más precisamente: Screamin’ Jay Hawkins. Un hombre que clamó, gritó, aulló y lloró el blues como nadie.Hawkins: el apellido remite a dos prestigios bien distintos que marcaron, de alguna manera, el destino de Screamin’. Existía ya entonces Coleman Hawkins, el famoso saxofonista de jazz, pionero del bebop, que triunfaría en las décadas del 40 y 50. Pero mucho antes había existido John Hawkins, un bucanero que asoló las costas de América en el siglo XVI y que llegó a ensombrecer la fama del pirata Drake. Screamin’, haciendo honor a su apellido, adoptaría a la música como destino y se mostraría con un cierto espíritu fuera de la ley, un “look” que alimentó en casi medio siglo de carrera musical.Sus problemas con la paternidad se remontan a cuando él estaba del otro lado del mostrador. Screamin’, como muchos de sus hijos, jamás conoció a su padre y su madre lo abandonó a los 18 meses. Se crió con una vieja india que, según el mito que él mismo alimentó, lo educó en los secretos de la magia. Su vida transcurriría en la calle y seguramente habría terminado como delincuente si no se hubiera ido con los Marines cuando era apenas un adolescente de quince años. Participó del final de la SegundaGuerra Mundial, fue herido y volvió desengañado de la vida militar a su Cleveland natal donde abundaban los problemas raciales y económicos. La supervivencia a fines de los 40 era muy dura para cualquiera y mucho más para un negro supersticioso que no tenía oficio ni estudios. Screamin’ aprendió rápido que debía sobrevivir a golpes, literalmente. Se dedicó al boxeo con bastante éxito llegando a ser un destacado campeón amateur medio-pesado en 1947.Su destino de boxeador se vio interrumpido por la Guerra de Corea. Esta vez, Screamin’ estaba dispuesto a hacer cualquier cosa para no volver al frente. Durante la revisación médica se hizo pasar por loco con escenas de vudú que había visto en su infancia. Fue considerado, lógicamente, “no apto” y se trasladó a Virginia donde el blues lo estaba esperando.Screamin’ tocaba un poco el piano y cantaba ocasionalmente. Su voz grave y algo cascada llamaba la atención, sobre todo porque en cada canción desplegaba un histrionismo inusual para la época. En 1953 cantaba en un tugurio de Virginia: “Había en el público una mujer enorme”, contó Screamin’ en una entrevista del diario francés Libération. “Era obesa, bestial, no paraba de tomar a la vez Black & White y Jack Daniels. No me sacaba los ojos de encima y me gritaba: Scream (aúlla), baby, scream Jay. Yo me dije: Bueno, buscabas un nombre artístico y lo acabas de encontrar.”DE LA CONSTIPACION AL ÉXITOEn 1956, Screamin’ y sus músicos estaban absolutamente borrachos cuando registraron un tema compuesto por él mismo: “I Put a Spell on You” (“Te puse un hechizo”). La canción estaba llena de gemidos y de gritos que la convirtieron en objeto de odio de la sociedad puritana. El tema fue prohibido en esa versión y tuvo que ser suavizado para ser emitido por radio. “I Put a Spell on You” no llegó a estar nunca entre los temas más escuchados de Estados Unidos (difícil competir en aquellos tiempos con Elvis Presley o con Jerry Lee Lewis), pero llegó a vender un millón de discos en los años siguientes. Tiene, además, un extraño record: esta balada cuenta con casi cuarenta versiones distintas entre las que se destacan las de Creedence Clearwater Revival, Nina Simone, los Who, David Bowie y una nueva versión grabada en los 80 por el propio Hawkins.Después de este leve y temprano éxito, la carrera de Screamin’ tuvo un lento pero continuo declive, que se extendió por dos décadas. Su música no era la que más pegaba en un mundo musical dominado por el rock. Siguió componiendo e interpretando temas logrados y levemente humorísticos como “Aligator Wine”, “I Hear Voices” y “Feast of the Mau Mau”. También conseguía continuar con las provocaciones, con temas como “Constipation Blues”, que se ha convertido en un clásico del rythm’ n’ blues y que habla de sus problemas intestinales: “Me encontraba constipado desde hacía cuatro días. Tenía el vientre hinchado como un perro envenenado. Yo gritaba del dolor. Y compuse una canción que me dio buen dinero”.Si algo seguía llamando la atención de Screamin’ era la puesta en escena de los shows. Cada vez que se presentaba en un recital Hawkins entraba al escenario cargado dentro de un ataúd en llamas. Su acompañante inamovible en todos los conciertos era una enorme serpiente de goma. Screamin’ siempre se presentaba con un bastón que tenía una calavera en el extremo, y con una larga y brillosa capa que le valió el calificativo de “el Drácula del blues”. Desde su aparente fracaso, Screamin’ influía en otros músicos que lo imitaban. El grupo de rock Black Sabbath tomó de él las ideas para su propia puesta en escena.Sin embargo, la luz de Screamin’ volvió a brillar con la llegada de la década del 80. Fueron los Rolling Stones quienes le dieron la oportunidad de renacer cuando lo invitaron a abrir su serie de conciertos en el Madison Square Garden. Keith Richards le produjo un nuevo disco y lo puso otra vez en carrera. Junto a su música, Screamin’ comenzó a desarrollar en el cine sus dotes actorales convirtiéndose en un personaje de culto en cada una de sus apariciones en la pantalla grande. En 1984, Jim Jarmusch filmaba su primer largometraje: Stranger Than Paradise (Más extraños que el paraíso). En ella, uno de los personajes llegaba de Hungría con un casete en el que escuchaba sin parar “I Put a Spell on You” en la versión original de Screamin’ Jay Hawkins. A Jarmusch lo apasionaba el costado histriónico de Screamin’ y lo convocó para su tercera película: Mistery Train, en la que por primera vez Screamin’ dejaba de lado sus canciones para interpretar a un conserje de un hotel de cuarta en una ciudad de Memphis desolada. Screamin’ no cantaba, pero cuando se reía con su aspecto simiesco su voz recordaba a sus canciones.La sexta aparición de Screamin’ en las pantallas se convirtió en su mejor papel: interpretó al infernal Alfonso en Perdita Durango, la película norteamericana del español Alex de la Iglesia. El personaje le iba como anillo al dedo para acompañar a Javier Bardem y a Rosie Pérez en esa película descontrolada. La última aparición de Screamin’ en el cine ha sido póstuma: hace un par de meses se estrenó Screamin’ Jay Hawkins: I Put a Spell On Me, un documental del greco-norteamericano Nicholas Triandafyllidis donde aparecen Jim Jarmusch, la cantante Diamanda Galas y el propio Hawkins, entre otros testimonios.Hasta su muerte, Screamin’ Jay Hawkins tomaba unas extrañas pastillas cada quince minutos, se cuidaba el cutis con una máscara facial que le enseñó su madre adoptiva, despotricaba contra sus viejos compañeros de ruta (“James Brown es un boludo analfabeto”), contra los cantantes de rap (“Tipos que sólo piensan en la cana y no tienen nada que ofrecer musicalmente”), reconocía su admiración por Frank Sinatra y preparó el testamento para dejarle su fortuna, bastante considerable por cierto, a sus hijos.EN NOMBRE DEL PADREDesde la muerte del cantante hasta hoy son más de cien personas las que reclaman su parte de la herencia. Los encargados de comprobar que todo sea legal se toman su tiempo para hacer las cosas: hasta ahora sólo dos hijas no reconocidas por Screamin’ han sido incorporados a la familia Hawkins (en las que también hay hijos legales pero abandonados de un primer matrimonio). Una de las hijas recobradas es Helen Perez, una empleada del subte de Nueva York, y la otra es Melissa Ahuna, una nativa hawaiana que recibe a los turistas bailando el hulahula.Los que dicen ser sus hijos utilizan todos los argumentos imaginables. Algunos tan tirados de los pelos como que su madre se emocionaba cada vez que escuchaba a Screamin’, o que sienten el blues en su sangre. Un tal BH afirma: “Toda mi vida supe que era un huérfano y siempre hubo algo en lo profundo de mí que me decía que yo era especial de una manera que no podía aún comprender. Recientemente pude ubicar a mi madre Esmeralda, una prostituta hispana que vivía en el Bronx para la fecha de mi concepción. Tuve una larga charla con ella y pudimos acotar la lista de padres posibles a un grupo de mercaderes de pieles rusos, su hermano Carlos y Jay Hawkins en persona. En el fondo, sé que soy su hijo”.Dayton, de Ohio, ofrece pruebas irrefutables: “Puedo cantar blues y tengo pelo enrulado. Mi mamá nunca me permite escucharlo porque la hace llorar”. En la misma línea, un neocelandés afirma: “Aunque no soy negro americano, creo que soy hijo de Jay. Él estuvo en tour por Nueva Zelanda a mediados de los 70, que es justo cuando nací. Tengo gran habilidad musical que no puede ser atribuida a ninguno de mis padres que no reconocen una nota. Además siempre supe que era negro en mi interior. Tengo soul, baby”.Un neoyorquino insiste: “Mi mamá fue a Atlantic City en agosto de 1951. Mi papá estuvo fuera de la ciudad ese mes y yo nací con un hueso extra(cartílago verdadero) en mi nariz. Adoro el tema ‘I Put a Spell on You’. Sumo a eso el hecho de que creo que éste es un escenario salvaje. Siento que, en mi corazón, podría ser un hijo ilegítimo de Screamin’ Jay. Además, ¡grito un montón!”.Y no sólo son hijos los que aparecen, sino también posibles madres: “Yo era una groupie, una muy conocida, y Jay Hawkins me vio en un show y le gusté, y dormimos juntos por un tiempo, quedé embarazada y él se fue. Diez años después volvió a Chicago por un show y yo fui a verlo, él se acordaba de mí, y le dije que había quedado embarazada de él y que mi hija tenía diez años ahora; él se tomó unas vacaciones y cuidó de ella por meses, llamaba y mandaba dinero, pero después paró todo de repente, y había un montón de otras groupies que estaban por ahí conmigo y que eran mis amigas que también quedaron embarazadas de él. Jay Hawkins nunca dijo o hizo nada al respecto; él sabía sobre muchas, pero un montón de esas mujeres están muertas o simplemente prefieren no acordarse”.El último concierto de Screamin’ tuvo lugar en Atenas en 1999, unos meses antes de morir en el hospital francés. No sería raro entonces que dentro de veinte años aparezca un joven griego de apellido largo y de aspecto exótico diciendo que es hijo de Screamin’. Contará una historia de chica seducida por ese demonio gritón y algo decrépito, dirá que todo ocurrió detrás del escenario y que su madre no volvió a verlo. Dirá que nació nueve meses después y que lleva el rythm ‘n’ blues en la sangre. Que le hubiera gustado haberlo conocido. Y habrá que creerle







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