viernes, 19 de junio de 2009

Grandes entrevistas

Enrique Vila- Matas


La aparición


«Cuente qué tal las cejas de Vila-Matas», me preguntó Alejandro cuando le conté que había ido a ver al escritor presentar su libro El viento ligero en Parma en La Central. «Parece un vampiro», le respondí, «Estaba parado ahí junto a la caja con una gabardina roja. Es un tipo grande, ya canoso, con la cabeza gigante. Tiene una cara extrañísima». Claro, había algo detrás: hacía menos de tres días había terminado de leer El mal de Montano y ante la insistencia del narrador en su parecido físico con Christopher Lee no tuve de otra sino confundirlo todo cuando finalmente lo vi ahí, parado junto a la caja registradora sonriéndole a todo el mundo y saludando como si fuera el terapista de un grupo de apoyo, o un candidato presidencial. Yo vi un vampiro. Bonachón, sí, pero vampiro de todos modos. Por eso le dije éso a Mónica y luego a Alejandro. Por éso terminé escribiéndolo en mi blog: «Parece un vampiro», escribí «da un poco de miedo».
Al día siguiente noté que alguien había dejado un comentario a mi última entrada:
Más miedo doy ahora apareciendo por sorpresa. Y no precisamente desde la ultratumba. Cuando estéis en Blanes notaréis mi presencia. Eso seguro. En la reunión del otro día, yo conocía sólo a un 10 por ciento de los conjurados. Y ahora un abrazo. Ni de oso ni del vampiro. De shandy alegre al sol. Os estoy viendo moveros en la noche.V-M.
Una dirección de correo electrónico lo acompañaba. Si era un bromista, se había tomado su tiempo. Sospeché que había sido Alejandro, le escribí preguntándole, me respondió pronto: «Yo no fui, aunque debería quizás dejar el suspense», dijo. Propuso que le hicieramos una entrevista por e-mail: «Debe ser divertido leer las respuestas, así sea o no. Si no es, seguramente se zafa de la entrevista, pero si se tomó la molestia de inventarse un mail de pronto sigue el juego hasta el final. Ya veremos».
Entrevista o no, un correo sería suficiente para despejar la duda. Le escribí mencionándole una hipotética apuesta: entre un amigo y yo, él decía que si era y yo que no, una hamburguesa al ganador. «¿Quién ganó? ¿Cómo decidirlo?», le preguntaba. No tuve que esperar mucho tiempo antes de que mi buzón de correo se iluminara de nuevo.
Soy yo. En La Central estaba sentado -todavía en el lugar del crimen- firmando ejemplares cuando apareciste tú a mano derecha desde mi posición, apareciste con uno, dos, tres libros -el segundo creo que era para la universidad de Illinois, había alguno de bolsillo-, a los que puse inocentemente -sin vampirismo alguno- los correspondientes dibujos. Soy yo, que controlo todo lo que puedo. Me gustó lo que escribiste. ¿Qué más decir? Dar sorpresas me divierte, forma parte de mi estética literaria, supongo.Vila-Matas.
No quedaba duda, sí era. Sin pensar, le respondí agradeciéndole el gesto y reclámandole a nombre de Mónica por el cruel trato a Mayol al final de El viaje vertical. También le pedí de paso que nos recordara el nombre de la pastilla que mencionó para calmar los nervios antes de hablar en público.
1: La pastilla: Sumial. 2: Traté muy bien a Mayol (iba a escribir ``a Sumial'') porque no lo maté, le hago desaparecer para que reaparezca si quiere.
La entrevista, sin que yo me diera cuenta, había comenzado......o bueno, casi.
El desafío
Unos cuantos correos han ido y venido desde ese día. Alejandro, terco, me siguió insistiendo sobre la entrevista hasta que hace un mes largo me convenció. Le propuse una entrevista a dos rounds: yo pregunto, él responde, yo contra-pregunto, él contra-responde, algo así. Me dijo que sí, que claro, que él estaba «perfectamente preparado para el combate pugilístico». Yo estaba pensando en lucha libre, pero bueno, boxeo también servía.
A la hora de iniciar la entrevista, consideré varias opciones. Consideré, por supuesto, mentir; escribir una entrevista ficticia donde usara sus respuestas reales. Me imaginé una casa en Vallvidrera casi desocupada donde el excéntrico dandy viviera en un contradictorio ascetismo absoluto acompañado de Paula de Parma. Me imaginé subiendo a una biblioteca caótica donde tendría su despacho, un escritorio, un grán sillón, una manta para cubrirse por las noches y algún lugar donde colgar su capa de vampiro. Se lo sugerí, me cortó las alas al vuelo, supe de inmediato que la lucha no sería fácil:
Yo de usted empezaría la entrevista tal como ha empezado ya, con este intercambio de frases. Sobre la casa de Vallvidrera debo decirle que preferiría que hablara de una casa en la parte alta de Barcelona, con un gran ventanal sobre la ciudad. Nadie de los que han visitado mi casa deja de mencionar nunca ese ventanal, de modo que yo de usted no me inventaría nada con respecto a la casa...
Retrocediendo un poco, mareado por el inesperado inicio, me recosté contra el ventanal. Miré Barcelona una vez más -una última vez- desde ahí arriba, revisé mis notas, aclaré mi garganta y tomé aire. Una campanada -qué apropiado- retumbó en alguna parte.
Primer round
j. Por ahí leí que a un amigo de Pessoa le daba miedo volver la cara tras despedirse del portugués porque «temía verlo desvanecerse, disuelto en el aire». A sus personajes les gusta desaparecer, desvanecerse a medida que la historia transcurre. ¿Le gusta desaparecer personajes?
V-M Todos se van al reino de la Luz, que diría John Donne. Tengo indicios de que ese reino es una fiesta. Mis personajes se relacionan entre ellos, muy lejos de mí. Dan permantemente una fiesta en el vacío.
j. Otra cosa en la que parecen ser expertos sus personajes es en juzgarse. Y no sólo se juzgan sino que frecuentemente se condenan a penas durísimas. ¿Usted hace éso para torturarlos o son ellos solitos los que terminan así? ¿Qué tan libres son?
V-M Son libres sólo cuando terminan los cuentos o las novelas en las que aparecen. Jamás se rebelan ni me mandan una palabra grosera o pretenden establecer combates de lucha libre conmigo. Jamás he podido soportar a aquellos escritores que permiten que sus personajes les visiten. En el apartado creativo de mi vida hay una gran disciplina y duchas frías para los insatisfechos.
(Ya más en confianza, lanzé un uppercut miope a su quijada)
j. En Paris no se acaba nunca, por ejemplo, su alter ego fanático de Hemingway parece al final terriblemente decepcionado de su versión joven en Paris pretendiendo fallidamente ser un intelectual. Me gusta el contraste entre la foto en la solapa de ese libro y la de algunos de los anteriores. Yo no sé si fue a propósito pero pareciera como si el de la foto de París no se acaba nunca se burlara de su versión más joven y seria vestida de negro, con corbata y cigarrillo en la mano. En fin, ¿qué le hubiera dicho usted al joven Vila-Matas si él le hubiera pedido consejo para continuar escribiendo La asesina ilustrada? A mi me gustó, lo leí hace poco, Bolaño dice por ahí1 que le da miedo. ¿A usted le gusta su primera novela o le da vergüenza? ¿Se relee?
V-M Ahora que ya no promociono mi libro sobre París y el libro anda suelto haciendo su vida propia, le diré algo que no había hasta ahora dicho. El Vila-Matas joven que fue a París no fue jamás (como se cuenta en el libro) a triunfar, fue sólo a sobrevivir. Se quedó dos años en la buhardilla de Duras porque en Barcelona no tenía apartamento. Le resultaba, desde el punto de vista económico, más cómodo quedarse en París. Así son las cosas de sencillas a veces. Para la novela, inventé que había ido a triunfar a París porque quise jugar con el esquema clásico de esas narraciones estilo La Educación Sentimental: un joven va a la capital con la idea de triunfar, va, vive allí un tiempo y luego regresa habiendo fracasado.
En cuanto a ese hipotetico consejo que habría podido darle al joven Vila-Matas en el caso de que me hubiera consultado la continuidad de La asesina ilustrada, le diré la verdad: no le habría dicho nada, ni una sola palabra, porque le habría advertido demasiados peligros que le acechaban antes de encontrar a Paula de Parma y le habría confundido, le habría hecho perderse en un laberinto y no habría encontrado a la Amada.
En cuanto a Bolaño no sabía que hubiera dicho eso. Sé que él, con un indudable gusto literario, hablaba muy bien de Suicidios ejemplares, un libro que en Italia, la semana pasada, ha recibido unas críticas buenísimas en las que se llega a hablar de genialidad. Y yo me pregunto por qué, cuando en España, hace ya doce años o más, apareció el libro, sólo Ignacio Echevarría, Masoliver Ródenas y Mercedes Monmany, tres críticos, avisaron de la calidad del libro. ¿Y los otros críticos dónde estaban? Pues leyendo a Gándara, Llamazares y Muñoz Molina, poniendo los cimientos de una literatura de la repetición.
Me pregunta si me releo. Casi nunca. A veces, si por casualidad lo hago, quedo entusiasmado al ver lo inocente que era antes. Me pregunta si me da verguenza mi primer libro. Mi primer libro, en contra de lo que se dice en París no se acaba nunca no fue La asesina ilustrada, sino uno titulado Mujer en el espejo contemplando el paisaje (cuyo verdadero título era En un lugar aparte, pero en la editorial Tusquets me cambiaron el título), un libro raro y vanguardista, escrito, a lo largo de seis meses, en la trastienda de un colmado del norte de África.
(Su respuesta había sido contundente. Di un brinco hacia atrás e intenté apaciguar el combate con un sencillo -y hasta amistoso- par de jabs)
j. Ahora que habla de Suicidios Ejemplares, me doy cuenta que hace un buen rato no publica compilados de relatos. ¿Planéa volver a hacerlo?
V-M Estoy pensando en regresar al cuento sobre todo ahora que estoy terminando estos días una agotadora novela, la más extensa que hasta ahora he escrito.
j. Aunque yo insisto en su apariencia vampírica, a usted parece gustarle más, probablemente debido al afortunado EVilaMatas/SatamAlive, declarar una naturaleza demoniaca. ¿Qué tan malvado es en sus libros? ¿Le gusta torturar a los lectores? ¿Le gustaría desaparecer lectores? ¿Le gustan sus lectores?
V-M He hablado tan sólo tres minutos con Felipe, el príncipe de España. Fue en una recepción en Budapest. De pronto nos dejaron solos a los dos después de decirle al príncipe que yo había ya escrito sobre Budapest. Me puse a hablarle de Bela Lugosi, el actor que incorporaba a Nosferatu en las películas de los años 20. Lugosi era de Budapest, aunque emigró a Estados Unidos. Total, que la conversación de tres minutos fue monográfica y giró en torno a Drácula. Cuando terminó, vi que el príncipe se sentía aliviado. Me preguntó si Drácula no era de más abajo, quería insinuarme que tal vez había yo confundido Budapest con Bucarest.
(Un cambio repentino de ángulo, dicen, aumenta las posiblidades de victoria. No perdía nada con intentarlo.)
j. Nunca he leido una poesía suya. ¿Escribe poesías y no las publica o no escribe poesía en absoluto?
V-M No escribo poesía. Cuando puedo, y sólo cuando realmente puedo, inserto prosa poética en mis novelas.
j. ¿De dónde sacó la idea de dibujar ese personaje de gabardina y sombrero cuando firma sus libros? ¿Se supone que ése es usted?
V-M Es el único dibujo que sé hacer. Lo perfecciono día a día. No soy yo. Empezó siendo Pessoa, y luego le quité el bigote y le cambié el sombrero y ahora es Erik Satie.
(Ahora si lo tenía donde quería, contra las cuerdas. Solo restaba rematarlo, o eso creía yo.)
j. Un buen dandy debe saber de cocteles. ¿Cual es su favorito?
V-M Dry Martini a las seis y media de la tarde, cuando abren el bar del Ritz de París.
j. Nueve preguntas me parece un buen número para terminar. ¿Usted qué opina?
V-M Ya no estoy en contra de los números redondos porque un amigo de Pamplona me envío una frase de Samuel Johnson: «Round numbers, said he, are always false» que, traducido, por si hiciera falta, quiere decir que los números redondos siempre son falsos.
(Claro, me equivocaba, era más resistente de lo que yo pensaba. Me preparaba para un asalto al vientre con ganchos de derecha e izquierda cuando escuché la campana. Resignado volví a mi esquina a reconsiderar mi estrategia.)
Segundo round
(Hay que ver cómo duele el algodón empapado de desinfectante cuando se sumerge en las heridas abiertas. Hay que ver como revitaliza. Fortalecido por el breve descanso, salí a ganar. Lo llevaría a mi esquina, donde no tuviera otra opción sino seguir mi ritmo, lo haría creer que él tiene el control y luego...)
j. Me había dado cuenta hace un rato que usted hizo parte del jurado que le otorgó a Fernando Vallejo el premio Rómulo Gallegos por El desbarrancadero. ¿Cómo le pareció la novela? ¿Ha leido más cosas de Vallejo? ¿Qué opina de su obra?
V-M Es el mejor libro de Vallejo. Su novelística a veces se vuelve repetitiva y su arte del insulto suele acabar siendo muy infantil. Pero El desbarrancadero es una obra de una gran fuerza estilística. Un gran libro. Lo voté desde el primer momento. También César Aira habría sido un buen vencedor de esa edición del Rómulo. Para el de este año, Juan Villoro y Rodrigo Fresán o el mismo César Aira son mis favoritos, pero me temo lo peor.
Temo por ese premio, mal dirigido por intelectuales «chavistas» que han permitido -con su desgana e intolerable apatía- que cediera parte de su prestigio al premio Rulfo, que le supera hoy en día en todo. Ya Bolaño se peleó con ellos. Y después me tocó a mí hacerlo, y se vengaron no pagándome los honorarios que me prometieron como jurado.
(Y luego...)
j. Siguiendo con los escritores colombianos, ¿qué otro escritor colombiano ha leido? ¿qué imagen tiene de la literatura colombiana contemporanea en general?
V-M No tengo una idea formada y, además, estoy en contra de las literaturas nacionales. Aparezco como personaje en Angosta, una novela de Héctor Abad que me ha interesado mucho. Pero no sé si es una novela colombiana...Admiro al poeta Ramón Cote Baraibar, pero no sé si es colombiano. Aunque siempre le veo en Roma, Santiago Gamboa es un escritor con un gran futuro, que es su propio presente de ahora. Eso sí, no sé si su presente es colombiano...Me gusta mucho lo que escriben Moreno Durán y su amistoso rival Oscar Collazos, pero no sé si son...
(Verlo trastabillar en camara lenta y apoyarse en las cuerdas me produjo una satisfacción indecible, tenía que continuar acosando.)
j. ¿Cuándo irá a Colombia?
V-M ¿Cuando iré a Colombia? Espero que pronto. Pero en mi anterior visita, hace unos nueve años, grité «¡Viva Rimbaud!» en una reunión de poetas en un café de Bogotá y entendieron que había gritado «¡Viva Rambo!». Debo agradecer al escritor mexicano Hernán Lara Zavala que me salvara la vida. Ya lo decía Kafka: «Hay algún malentendido, y ese malentendido será nuestra ruina».
j. Hay mucha gente que le echa la culpa de su vida/de su suerte a libros. ¿Usted tiene algún libro que declare particularmente culpable de lo que es? ¿o acaso un escritor?
V-M Siempre cito a Gombrowicz porque me da vergüenza la verdad, decir que no tengo libro ni autor culpable.
(Se rendía, ¿reconocía mi superioridad?. Las luces tenues de Barcelona en la distancia iluminaban el ring haciendolo parecer un salón abandonado. Lleno de mí mismo, proseguí mi ataque.)
j. Retomando el tema de la maldad, ¿Ha sabido de algún lector de La asesina ilustrada que haya caido fulminado tras leerla? ¿Qué haría si descubriera que ha sucedido en más de una oportunidad (o siquiera en una)?
V-M Es que cuando estaba terminando de escribir el libro yo creía que era un argumento -el del manuscrito que pasa de mano en mano y produce la muerte de quienes lo leen- absolutamente original. Y de pronto, me explicaron que eso había sucedido ya en la realidad, tres siglos antes, con un manuscrito de un escritor español llamado Luján, un manuscrito que pasaba de mano en mano y producía la muerte de quienes lo heredaban.
(Frankie siempre me dijo «Una vez reconozca sus debilidades -las haga obvias-, está en tus manos, Pupo». Me avalancé cargando mi mejor golpe y preparado para ultimarlo. Ya sentía el sabor de la victoria en mis labios.)
j. Hace poco estuve en una charla de A. Hemon, el escritor de Nowhere Man, y le pregunté en qué estaba trabajando ahora y me dijo que lo máximo que podía decir era que era una novela. Me decepcionó mucho su respuesta. ¿Usted si nos puede contar un poco más de su novela sobre la desaparición que está cerrando por estos días? ¿Al menos unas pistas? ¿Qué tono tiene? ¿Cuál es la idea general? ¿Cuándo será el lanzamiento? ¿Es cierto el rumor de que ejecutará un acto de desaparición apoyado por un discipulo de Houdini?
(Golpe al centro del rostro -¿por qué no se caía?-, unos segundos de suspenso, su respuesta:)
V-M Se titulará Doctor Pynchon y aparece en septiembre en Anagrama. Por contestar a su pregunta de una forma un tanto original o, como mínimo, poco usada, le envío frases sueltas del texto y que nos permiten imaginar algo de lo que ocurre en ese libro...
(De repente, de su capa purpurea vi surgir un brazo extra, y otro más, y otro más, disparados hacia mí. ¿Uno por cada golpe? ¿Cuántos golpes recibí?)
«una novela del arte de convertirse en nada, un arte que muy bien conocía Robert Walser.»
«esa cualidad tan exquisita de Hamlet que consistía en no tener identidad y menos aún un rostro propio»
«La novela evoca la riqueza moral de uno de esos días perezosos y aparentemente inútiles en los que nuestras convicciones más estrictas se relajan y se convierten en una agradable indiferencia»
«Alguien capaz de vivir sin que nadie se acuerde, ni lejanamente, de que existe»
«He venido hasta aquí a narrarme la historia de la ambigua desaparición del sujeto en nuestra civilización y a contármela a través de unos fragmentos de la historia de mi vida, como si me hubieran inyectado a mí mismo toda esa historia de la subjetividad en Occidente y, además, me hubieran aleccionado para que intentara desaparecer contando, paso a paso, cómo voy lentamente llevando a cabo la ceremonia de mi eclipse»
«No era un héroe, sino un hombre que se avergonzaba de haber desistido de continuar siendo lo que en su momento había sido: un odiador profundo de la grandeza, de esa obligación de tener que ser alguien en la vida, un odiador del poder. Un amante de los escritores de rostros secretos y de la discreción en la literatura»
«Lo que yo quería era seguir existiendo sin ser molestado»
(Siete. Uno tras otro. No los ví venir. A partir del cuarto me dejé simplemente llevar. Precencié desde arriba como mi cara renunciaba a su humanidad y mi cuerpo se derrumbaba como si nunca hubiera estado diseñado para mantenerse en pie. «¡Siete!», alguien gritaba, «¡Cinco¡ ¡Cuatro! ¡Tres! ...». Me desvanecí ante mis ojos, desaparecí. Escuché nuevas preguntas y respuestas, escuché risas, pero ya no era yo el que preguntaba, yo ya no estaba ahí, estaba en otro lugar.)
Por Javier Moreno

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