sábado, 23 de mayo de 2009

el enigma de kaspar hauser





uno de los casos mas extaños de todos los tiempos







La enigmática y misteriosa figura de GASPAR HAUSER en Alemania fue real: sobre él gira una enorme literatura, se cuentan numerosas leyendas, y es una especie de héroe entre los germanos: El director de cine Werner Herzog, le dedicó una película memorable.
Nacido hacia 1812, aunque no se conoce la fecha exacta, fue raptado e inmovilizado durante años en la oscuridad. Apareció a los 12 años en una plaza de Nuremberg, liberado por una "mano invisible", y pertenece a la gran variedad de "niños selváticos", cuyo fenómeno y peculiariedad conmovió a la europa del XIX, entre los que destaca también, en otro orden de cosas, el famoso Victor de l'Aveyron, cuya vida estudió Jean Itard, y que fue posteriormente llevada al cine por Truffaut en un sensible film naturalista -muy al estilo de Renoir- en blanco y negro.
En cuanto a Hauser, hay una formidable novela escrita por su protector y biógrafo, el jurista Anselm Von Feuerbach, que relata todas sus experiencias con el extraño "inadaptado" en la obra "Gaspar Hauser, un delito contra el alma del hombre".
Parece que trás Hauser, se escondía realmente toda una inexplicable conjura, y que era hijo ilegítimo de algún emperador o aristocráta de altísima estirpe, y que su propia existencia, dificultaba una historia de soterrados enfrentamientos misteriosos por ocultas, desconocidas y poderosas herencias. Sufrió dos "atentados" o intentos de asesinato, a manos de desconocidos, y murió asesinado en una tercera tentativa, finalmente, en circunstancias muy poco conocidas y no bien investigadas, siendo ya adulto y hombre ilustrado, y habiendo vencido casi todas sus fobias, miedos y dificultades, muy asimilables al mito de "la caverna" de Platón.



La Psiquiatría, al ignorar la verdad sobre Kaspar Hauser, como siempre lo hace, disparató...
Revista de la AEN, nº 64, oct./dbre/97
Un delito contra el alma de un hombre
La insólita aparición de Gaspar Hauser en Nuremberg, un 26 de mayo de 1828, conmovió a la población de la ciudad. Pronto sus circunstancias, y hasta su leyenda, se extendieron por Alemania y poco después por el resto de Europa. Su enigmática existencia, que no ha dejado de inspirar a literatos, artistas y pensadores, conserva aún una inquietante frescura. Una actualidad que ya no proviene de la intriga rocambolesca sobre su hipotético linaje, lleno de conjeturas contra la casa de Baden, sospechosa en su momento de desviar criminalmente la descendencia hacia una línea morganática. Su machacona novedad se sostiene ahora sobre la zozobra y originalidad que conserva su experiencia.
La lectura de la memoria que Anselm von Feuerbach nos ha dejado de Hauser, despierta al menos tres tipos de inquietudes. Una sobre la singularidad del caso. Esto es, sobre si su excepcionalidad es comparable o no al resto de la casuística de «hombres selváticos» - homines feri- recogida a lo largo de los tiempos. Relación instaurada a partir del «niño lobo de Hesse» -hallado en 1344- cuando la documentación permite, quizá por primera vez, sobrepasar el dominio meramente mitológico. En segundo lugar, llama la atención la magnitud del interés despertado por la aparición de este adolescente, tanto entre estudiosos, humanistas y altas personalidades de toda Europa, que se preocuparon por sus vicisitudes o le visitaron a centenares a lo largo de su breve existencia. El «hijo adoptivo de Nuremberg» se convirtió, de este modo, en tema de discusión y debate tanto desde el ángulo filosófico y psicológico como político y moral. Por último, en tercer lugar, y para nosotros es lógicamente un punto de vista importante, destaca el suceso del «delito contra el alma», que Feuerbach subraya en su escrito y que constituye una figura delictiva ausente, y al tiempo nueva, cuyas consecuencias psicopatológicas no pueden pasarse por alto. Las tres inquietudes, a nuestro juicio, se superponen y complementan, tanto como se interfieren y desaniman.
Una vez más, el interés y el delito coinciden. Por un lado, la llegada a Nuremberg de Gaspar Hauser despertó una curiosidad ferviente en los habitantes, no exenta de maliciosidad, mientras que, por otro, avivó en Feuerbach, su estudioso más veraz y penetrante, una preocupación muy distinta. Pues, en efecto, el autor echa pronto de menos la mención de un delito hasta entonces nunca registrado: el que atenta a fondo contra el alma de un hombre. En el estudio de Feuerbach se constatan, siguiendo el código penal bávaro, dos delitos perpetrados en la persona de Gaspar, el de detención ilegal y el de abandono. Sin embargo, basta la presencia de este ser desusado y «único en su género», para que destaque un vacío jurídico que inquieta a nuestro relator -ciudadano del siglo XIX, no conviene olvidarlo-, quien reclama que se legisle específicamente sobre un delito contra el alma «que debería incluso tener un peso más importante que cualquier otro crimen». «Separar a un hombre -escribe- de los otros seres racionales y de la naturaleza, dificultar su acceso a un destino humano, privarle de alimentos espirituales [...] es el más criminal de los atentados puesto que va dirigido contra el patrimonio más auténtico del hombre, su libertad y su vocación espiritual».
Simultáneamente, un sujeto desconocido acaba de presentarse en sociedad. Mas su extrañeza no proviene sólo, en esta ocasión y como suele ser habitual, de que se ignore su identidad o su procedencia, sino de que su interior presenta un diseño desconocido. Mientras los vecinos acuden en masa a visitarle, como si en su persona se hubiera encarnado o una fiera o el deseado hombre natural -de indescriptible bondad, tierno, de delicados sentimientos, desconocedor de la violencia, libre de todo prejuicio, dotado de una memoria sin trabas y de una hipersensibilidad de los sentidos casi animal- resulta que ha vivido sus diecisiete años recluido en una celda, tan al margen por consiguiente de los bienes de la naturaleza como de los despropósitos cotidianos de la sociedad: ni niño salvaje en sentido estricto, ni hombre rousseauniano y natural, ni ciudadano corrompido por las costumbres del mundo. Más bien un alma inerme y desnuda: ejemplo de un nuevo tipo de soledad que quizá comienza a observarse.
Estos hechos ya nos advierten sobre la particularidad de Gaspar en el conjunto de niños abandonados. En su caso han desaparecido, por supuesto, todos los estigmas mitológicos: ni estamos ante un nuevo Zeus amamantado a los pechos de la cabra Amaltea, ni su figura evoca a Rómulo y Remo con una loba por nodriza. Tampoco se trata de un lance más, entre la amplia relación recogida por distintos investigadores, de niño criado por animales, ni de niño solitario como lo fue su próximo Victor de l'Aveyron. Gaspar no llegó a estar enteramente aislado. Aunque nunca acertó a ver la cara del «hombre» que le cuidaba -identificado más tarde como Franz Richter, un montero del barón de Griesenberg-, sí oyó su voz y recibió una mínima comunicación y enseñanza.
En el encuentro rutinario del interés y del delito, Feuerbach representa a la sociedad. En su nombre estudia, registra e interpreta el caso y su aparición. Hauser, por su parte, testimonia de una nueva estirpe de sujetos: aquella cuyas heridas han alcanzado un lustre nuevo o un umbral inesperado. Hasta entonces, la comunidad o los investigadores no habían mostrado preocupación por este tipo de sucesos, bien porque no existieran, y no se diera el ejemplo, o porque nadie reparara en estos hechos al carecer de una visión humanitaria y social sobre la infancia -de hecho, hubo que esperar al siglo XIX para que los gobiernos se interesaran por el bienestar y la educación general de los niños, empezando a pensar en ellos en cuanto tales, con unas necesidades especiales derivadas de su desamparo y vulnerabilidad, y no como adultos pequeños a los que se podía explotar o abandonar-. Doble posibilidad, por consiguiente, de inexistencia o de inadvertencia, que escapa a la decisión del historiador, que nunca llegará a conocer con exactitud si Gaspar Hauser tuvo algún antecesor o si su ejemplo inaugura la especie de individuos cuya alma ha sufrido un atentado. Opacidad que, precisamente, marca los límites de la historia a la vez que la funda: la historia, en esencia, nace cuando se vuelve consciente de su imposibilidad.
También cabe la hipótesis de que estemos ante un hecho no sólo nuevo sino irrepetible. El hijo de algún elevado personaje, probablemente de Estefanía de Beauharnais y del príncipe Carlos de Baden, es confiado a un «hombre» para que proceda a su confinamiento o a su desaparición. Por razones que se nos escapan, el «hombre», que también pudo encontrarle por azar, le encierra, le provee de cuidados físicos bastantes para su supervivencia, pero no le alimenta de deseos ni de suficiente ansia intelectual. Y este mismo «hombre», incapaz probablemente de seguir manteniéndole recluido, sea por su arrepentiminento, por la carestía que le abruma o por miedo a ser descubierto, le traslada desde su cautiverio y le abandona, el lunes de Pentecostés, junto a la Puerta Nueva de Nuremberg con unas señas dirigidas «al señor capitán de caballería del 4.º escuadrón, 6.º regimiento de caballería ligera». Circunstancias todas, tan artificiales e irreproducibles, que quizá hagan de Gaspar Hauser un acontecimiento sin continuidad y sin parangón.
En cualquier caso, la lectura del testimonio de Feuerbach nunca nos deja indiferentes, como no lo fue la presencia real de Gaspar que hubo de ser protegido por el burgomaestre de la ciudad del curioseo desbordante de las gentes. Algo relativo a la verdad de los hombres, luego al resplandor de su amor y a su abominable crueldad, despierta siempre nuestra interpretación desde las primeras páginas de la Memoria.
Nos sorprende enseguida la reseña sobre la respuesta de sus sentidos, incluido su sentido común, tanto como su candor y su nostalgia, sus dificultades simbólicas, el silencio de la sexualidad, el llanto ante la visión de las estrellas, el miedo al paisaje, la memoria «fresca y vigorosa», la habilidad del jinete que no sabe andar, el efecto salobre de la educación a la que fue sometido -«la camisa de fuerza del latín, escribe nuestro narrador, fue para su mente un segundo cautiverio»-, y convenimos que no existe ni quizá pueda existir nada parecido. Además, como la descripción de los dictámenes médico-legales de la época no colman nuestra codicia interpretativa, se nos despierta el gusto por la posibilidad de haberle podido hablar personalmente, para comprobar en la práctica si nuestros modelos actuales, que además de fenomenológicos pueden ser hermenéuticos y psicoanalíticos, nos proveerían de otra valoración y de otro discurso. Sin ellos, sólo apreciamos que no es un deficiente, ni un autista, ni un psicótico al uso, sino un ser inhabitual y misterioso que no encaja en ningún molde humano admitido. Pero añoramos un horizonte más amplio de las condiciones de sus enfados, de la estructura de sus miedos, del «sueño de plomo» que le asalta, de la falta de fantasía, de su obediencia absoluta, del brillo de sus ideales, de las prohibiciones morales a las que se siente sometido y de las convulsiones que le producen las palabras desconocidas. Tampoco llegamos a saber sobre su evolución en sociedad a más largo plazo, pues falleció cinco años después de ser encontrado, el 17 de diciembre de 1833, víctima de un asesinato que, en esta ocasión, fue estrictamente físico además de deliberado.
No obstante, el enigma de Gaspar Hauser retorna contumaz y nos acosa desde otro lugar y sitio. Ahora no nos atrae como un hecho aislado y sin continuidad, ni compartimos ya el mismo empeño que animaba a Jean Itard ante Victor de l'Aveyron. Itard sospechaba que la falta de educación conduce a los mismos resultados que la carencia constitucional. En contra de las opiniones de Pinel, y más tarde de Esquirol, que enjuiciaban a Victor como un «idiota esencial», él defiende que es la privación de la lenta forja educativa, a causa de la soledad, el motivo de su retraso evolutivo. Convencido de que el hombre no nace sino que se hace, se esfuerza en restituir a su pupilo los bienes espirituales sustraidos durante la infancia, para devolverle íntegro y desarrollado a la ciudad. Esta confrontación, pese a su innegable trascendencia, no consume hoy nuestra curiosidad, aunque el esfuerzo de Itard, sin embargo, no se ha apagado y su huella sigue viva en la Psiquiatría. El dilema sobre lo genético o lo adquirido, lo biológicamente determinado o lo psicológicamente influido sigue tan activo como lo fue en sus comienzos. Han cambiado los términos y los instrumentos teóricos, pero el escenario y los protagonistas del conflicto siguen siendo los mismos.
El lector tiene ahora la ocasión de disfrutar con la lectura de esta primera versión al castellano de tan célebre estudio, y sacar, él mismo, las conclusiones clínicas e históricas que a su juicio procedan.









por Horacio Velmont
Esta es la apasionante historia de un niño de origen desconocido que una tarde apareció súbitamente en una plaza de Nüremberg. No sabía hablar y se alimentaba como los animales. Se dijo que era hijo de un príncipe, y que había vivido secuestrado por razones políticas. El detective que investigaba el caso fue asesinado y la incógnita jamás se develó.
Con fecha 29/8/98, el Grupo Elron celebró una sesión donde se presentó a dialogar telepáticamente L. Ronald Hubbard a través del médium Jorge R. Olguín, quien respondió a una serie de preguntas que teníamos en carpeta.
Teníamos sumo interés en conocer detalles de los famosos casos de David Lang, el granjero que el 12/9/1880 se esfumó a la vista de toda su familia y varios amigos (es un hecho histórico, registrado profusamente en los diarios de la época), de Orion Willamson, un caso parecido, de Kaspar Hauser, un jovencito que apareció como surgido de la nada un día de 1828 en Nüremberg, Alemania y, obviamente, de Nostradamus.
El caso de Kaspar Hauser era uno de los más intrigantes.
Tal como decían las autoridades de la época, ese joven actuaba como si acabara de caer de algún otro mundo.
El informe que se levantó sobre él dice que renqueaba de modo muy pronunciado, como si tuviera alguna deformidad en las piernas que le impidiera caminar normalmente.
Además, tenía los pies sumamente hinchados, como si hubiera tenido que caminar mucho, aunque nadie lo había visto por ningún lado, y sus ojos trataban de evitar la luz.
El alcalde y otras personalidades interrogaron al muchacho, pero éste no parecía comprender lo que le preguntaban. No obstante, cuando le pusieron una pluma en la mano rió nerviosamente y con letra bien legible escribió: Kaspar Hauser . y eso fue todo.
Cuando los asombrados ediles de la ciudad de Nüremberg aún no sabían qué hacer con el enigmático forastero, éste les presentó dos piezas más del rompecabezas que terminó por desconcertarlos totalmente: dos cartas envueltas en un trapo, que guardaba en su andrajoso chaleco.
Una de las cartas decía ser de su madre, estaba fechada 16 años antes, y rogaba a quien lo encontrara que lo enviara a Nüremberg cuando tuviera diecisiete años para que pudiera alistarse en el Sexto Regimiento de Caballería al cual, según la carta, había pertenecido el padre de éste.
La otra carta, bastante mal escrita, decía ser de quien había encontrado al muchacho y lo había cuidado, pero que no podía continuar manteniéndolo.
Lo extraño de ambas cartas era que estaban escritas en una especie de cuero o pergamino nada familiar para las autoridades de la ciudad.
Por otra parte, y lo que era más extraño aún, ¿cómo sabía su madre, 16 años antes, que el Sexto Regimiento de Caballería estaría acantonado en Nüremberg?
Debido a su penoso estado, todo Nüremberg adoptó a Kaspar, tratándole como a un hijo. Fue colocado bajo el cuidado personal de un tal profesor Daumer y atrajo la atención de toda la sociedad alemana y europea del época.
Von Feuerbach, uno de sus biógrafos, dijo, acerca del enigma del forastero: "Kaspar Hauser mostró una falta tal de palabras y de ideas, una ignorancia tan absoluta de las cosas y fenómenos más corrientes de la naturaleza, tal horror por todas las costumbres, convencionalismos y necesidades de la vida civilizada y, sobre todo, unas peculiaridades tan extraordinarias en su actitud social, mental y física, que uno podría sentirse inclinado a aceptar la alternativa de que era un ciudadano de otro planeta, transferido milagrosamente al nuestro" .
Kaspar, bajo la bondadosa y paciente tutela del doctor Daumer, aprendió rápidamente, primero a hablar y luego a escribir.
Cuando pudo expresarse relató que desde su infancia había crecido en la completa oscuridad de un sótano, qué jamás había conocido otro alimento que no fuera pan negro y agua, y que, en la oscuridad, nunca pudo ver a quien le llevaba ese alimento.
Poquísimas veces había oído hablar, y sólo muy pocas palabras en cada una de esas rarísimas ocasiones. Pero no tenía la menor idea de cómo, ni por qué, ni dónde había transcurrido aquellos años.
El 17 de octubre de 1829, Kaspar Hauser fue encontrado en casa de Daumer con la frente sangrando de una cuchillada propinada por un hombre que llevaba una máscara negra y había aparecido repentinamente y desaparecido de la misma forma.
Como consecuencia de este atentado, las autoridades le pusieron dos agentes de policía para prevenir cualquier otro ataque.
Sin embargo, el 14 de diciembre de 1833, Kaspar cruzó la calle y fue a pasear por el parque, regresando al poco tiempo mortalmente herido. El parque fue registrado minuciosamente pero no se encontró a nadie, ni tampoco el arma.
Los cirujanos dictaminaron que esa herida jamás pudo habérsela producido él mismo. Murió tres días después.
Lo extraño era que el parque estaba cubierto de nieve, pero a pesar de ello no se encontraron más huellas que las del propio Kaspar.
Los hechos que forman parte del enigma de Kaspar Hauser están bien documentados y figuran en los archivos de Nüremberg como uno de los más sorprendentes en su género.
Sesión del 28/9/98
Interlocutor: ... ¿Quién se va a comunicar ahora?
Ron Hubbard: Soy Ron... Te saludo... Estoy listo para contestar tus preguntas...
Interlocutor: ¿Cómo le va, Maestro? Sí, efectivamente, hay un tema que quisiera tocar hoy y es el de un enigmático personaje, llamado Kaspar Hauser... ¿Era un extraterrestre?
Ron Hubbard: ¿Por qué lo preguntas?
Interlocutor: Porque fue un personaje, histórico si se quiere, que apareció de pronto en las calles de Nuremberg, sin que nadie supiera su procedencia. Apareció como de la nada. Pero lo más curioso era que traía una carta presuntamente de su madre que lo recomendaba al jefe o capitán de un asentamiento militar, que si bien en ese momento se encontraba acantonado en esa ciudad no lo estaba al momento de ser escrita esa carta, que databa de 14 años antes.
La pregunta, si esa carta era verdadera, es cómo pudo saber la persona que la escribió que casi una década y media después iba a haber un acantonamiento militar en ese lugar. ¿Era un extraterrestre?
Ron Hubbard: La respuesta es que Kaspar Hauser no era un extraterrestre sino un viajero en el tiempo.
Interlocutor: ¡No lo puedo creer! ¿Es realmente posible el viaje en el tiempo?
Ron Hubbard: Kaspar Hauser ha viajado por el tiempo. Ha tenido contacto con extraterrestres, pero él no es -hablo en presente- un extraterrestre. Ha pedido viajar por el tiempo para dar noticias.
En el futuro hay bases donde no se permiten modificar la línea temporal, porque se crearía una paradoja. Pero a veces es necesario modificar cosas porque de lo contrario se podría cambiar la historia.
Interlocutor: Por ejemplo, ¿por qué no vienen del futuro para matar a Hitler?
Ron Hubbard: Porque no está permitido cambiar la historia...
Interlocutor: ¿A pesar de que se salvarían vidas?
Ron Hubbard: Así es... Naturalmente, desde el punto de vista teórico ello es posible. Sabemos que el espíritu es inmortal, y por tanto el espíritu no muere. Así que en realidad no muere nadie.
Lo que sucede en realidad es que lo de Hitler ya es historia, ya sucedió y no se puede modificar. Pero sí se quisiera hasta se podrían alterar los campos gravitatorios...
Esto lo estoy explicando muy superficialmente. Supongamos que de repente hay una persona que altera la línea del tiempo y bebe de una botella y se emborracha y maneja alguno de esos vehículos antiguos y arrolla a Einstein cuando tenía 4 años. La misión de estos viajeros es, de alguna manera, viajar al pasado para que ese ser borracho no atropelle a Einstein cuando tenía 4 años. Así, entonces, la línea temporal no se altera.
Interlocutor: ¿Pero esto que nos dice usted, Maestro, es meramente teórico o alguna vez se ha hecho?
Ron Hubbard: ¡Por supuesto que se ha hecho! Se ha hecho infinidad de veces!
Interlocutor: Pero entonces esas series de televisión, como el famoso "Túnel del Tiempo", no son tan fantasiosas como se puede suponer...
Ron Hubbard: No sólo no son tan fantasiosas sino que hay algunos autores que han recibido ideas al respecto porque directamente se las han dictado.
Interlocutor: ¿Kaspar Hauser, entonces, vino del futuro de la Tierra? No llego a captar la idea de que la Tierra pueda tener un futuro más allá de este presente...
Ron Hubbard: No acepto tu razonamiento... ¿Cómo no va a tener un futuro la Tierra?
Interlocutor: Me expresé mal. Lo que quise decir es que si bien acepto un futuro hipotético o a realizarse, me resulta difícil concebir un futuro ya realizado.
Ron Hubbard: Todos son presentes...
Interlocutor: Ahora comprendo un poco más la idea... ¿Kaspar Hauser de cuantos años en el futuro viene?
Ron Hubbard: Alrededor de 500 años, del 2500 de vuestra era.
Interlocutor: ¿Usted está viendo en estos momentos 500 años en el futuro? La pregunta va dirigida a si usted puede percibir, por ejemplo, a Kaspar Hauser en su mundo.
Ron Hubbard: Nosotros, como seres espirituales, tenemos también barreras que no nos permiten viajar por el tiempo. Trataré de explicarlo de alguna manera entendible... El plano físico 1, vuestro mundo, a pesar de ser uno de los planos más básicos, porque el -1 y el -2 no se pueden ver por jugarretas dimensionales, como la energía está tan condensada hasta llegar a formar una supuesta materia, tiene una ventaja: posee elementos con los que se puede "jugar"; entonces, se pueden crear aparatos que en nuestro plano espiritual resultan imposibles, aparatos que incluso permitan llegar a otros universos paralelos.
Todavía en este presente de ustedes esto no se ha logrado, pero sí en el futuro vuestro.
Lo que en el presente sólo pueden hacerlo los elohim, los Logos dimensionales (el Cristo, por ejemplo) y los Logos galácticos (el Buhda, por ejemplo), ustedes lo podrán hacer en el futuro: crear aparatos para pasar a otros universos paralelos.
Entonces, ustedes, y esto es una paradoja también, estando encarnados en el plano físico 1, pueden lograr cosas que en los planos espirituales resulta imposible.
Pero esto no es para abochornarnos, porque "nosotros" somos en definitiva "ustedes".
Interlocutor: Obviamente...
Ron Hubbard: O sea que lo que el ser encarnado logra como beneficio, el 90 % lo goza por arriba. Es como si nosotros fuéramos los pasajeros de lujo de un transatlántico de lujo.
Interlocutor: ¿La Creación es todo un presente?
Ron Hubbard: Dios es omnipresente. Esto da todas las respuestas. Pero para la mente finita, cada segundo debe ser vivido como segundo y no hay escapatoria.
Es un ejemplo que a lo mejor no tiene nada que ver... Pero supongamos que tú ahora desencarnas de un ataque al corazón, y tuvieras que encarnar inmediatamente en un infante, y no se te borrara la memoria. Y sabes que tienes una misión por cumplir. Y tendrías que empezar en el jardín con los palotes, en primer grado con los números y tuvieras toda la memoria de antes... La pregunta es: ¿Tendrías toda la paciencia necesaria para crecer, para volver a empezar, sabiendo en todo momento que tienes una misión pendiente?
Interlocutor: Creo que no...
Ron Hubbard: ¡Por algo se borra la memoria también! ¿Entiendes el punto?
Interlocutor: Perfectamente... Volviendo a Kaspar Hauser, esta cuestión de los viajes en el tiempo está de alguna manera relacionada con el famoso libro "Caballo de Troya", de J. Benítez?
Ron Hubbard: Sí, pero lo que sucede es que Benítez en muchas cosas ha fantaseado. Todavía no hay aparatos -en esta época, recalco- que puedan hacer viajes en el tiempo.
Interlocutor: ¿Kaspar Hauser modificó en algo la historia al venir a nuestro tiempo?
Ron Hubbard: Al contrario, evitó que fuera modificada. Ésta es justamente la misión de los viajeros del tiempo...
Interlocutor: ¿Y la desaparición del granjero David Lang? Supongo que también fue una abducción extraterrestre...
Ronald Hubbard: En este caso su desaparición se debió a otras causas...
Interlocutor: ¡No me diga que se lo tragó la Tierra! Digo esto porque lo primero que se buscó fue alguna abertura en el suelo donde pudiera haber caído y no se encontró nada...
Ronald Hubbard: David Lang fue abducido por terrestres.
Interlocutor: ¿Por terrestres? No entiendo... ¿Ya en el siglo pasado la humanidad tenía la tecnología para hacer desaparecer a las personas en el aire, como le ocurrió a David Lang?
Ronald Hubbard: No fue abducido por terrestres de la época en que David Lang desapareció, sino por terrestres del futuro.
Interlocutor: Maestro, estoy completamente perplejo.
Ronald Hubbard: David Lang era también un viajero del tiempo que violando las reglas quiso quedarse en esa época. Eso está prohibido porque puede modificar el futuro, en cuyo caso un viajero del tiempo tiene que regresar al pasado para volver a poner las cosas tal como estaban originalmente.
Interlocutor: ¿Pero por qué quiso quedarse en un tiempo que no era el suyo, máxime que el siglo pasado era casi prehistórico comparándolo con nuestra época?
Ronald Hubbard: Simplemente se enamoró de una joven y para evitar que lo pudieran transportar destruyó el aparato que le permitía viajar en el tiempo. Pero sus superiores utilizaron un aparato de mayor complejidad y potencia y lo llevaron de vuelta a su tiempo.
Interlocutor: ¿De qué época en el futuro provenía David Lang?
Ronald Hubbard: Provenía del año 2500, de la misma época que provenían Kaspar Hauser y Nostradamus.
Ahora los voy a dejar porque el receptáculo está muy desestabilizado. Un abrazo.
Interlocutor: Hasta luego, Maestro, y gracias por todo.
SESIÓN DEL 3/10/03
.
Interlocutor: Ahora quiero hacerle una pregunta sobre los viajes en el tiempo. Sabemos, por ejemplo, que Kaspar Hauser, porque usted mismo nos lo ha dicho, era un viajero del tiempo.
Ron Hubbard: Así es.
Interlocutor: Además, sabemos que fue asesinado en 1833.
Ron Hubbard: También es cierto.
Interlocutor: Bien, ¿pero que ocurrió con su Thetán? ¿Se quedó en esa época a la que viajó o directamente regresó a su verdadero tiempo, es decir, de donde provino, el año 2500?
Ron Hubbard: Los espíritus, por sí mismos, no pueden viajar en el tiempo, porque se precisa de un aparato que de alguna manera modifique la frecuencia temporal.
Interlocutor: ¿Tiene que ver con la física cuántica?
Ron Hubbard: Así es. Cuando nosotros hablamos de física cuántica, nos estamos refiriendo a dos palabras: física y cuántica. Por lo tanto, si es física es del plano 1. ¿Se entiende el juego de palabras?
Interlocutor: Sí, perfectamente. Usted me quiere decir que no puede haber "física" en los planos espirituales. ¿Es así?
Ron Hubbard: Correcto. Cuando un ser encarnado retrocede o avanza en el tiempo, automáticamente arrastra, también en el tiempo, a su 90 %, es decir a su Thetán que está en su propio plano.
Interlocutor: Está claro.
Ron Hubbard: Bien, si ese cuerpo muere, el 10 % de espíritu que estaba encarnado se une automáticamente a su 90 %, y el 100 % de espíritu, también automáticamente, retorna a su tiempo de origen, porque había sido arrastrado por su parte encarnada como si estuviera atado a una cuerda.
Interlocutor: Concretamente, entonces, muerta su parte encarnada, el espíritu del viajero del tiempo retorna a su época sin que nada pueda impedírselo.
Ron Hubbard: Así es.
Interlocutor: ¿Pero y si desea quedarse en la época en que su parte encarnada viajó?
Ron Hubbard: No, no puede porque el cuerpo físico operaba como un ancla, y al desprenderse por muerte no hay nada que lo pueda retener.
Interlocutor: Entiendo. El tema está aclarado. ¿Se sabe quién asesinó a Kaspar Hauser?
Ron Hubbard: En este momento no tengo el dato.
Interlocutor: ¿Podemos dejarlo para la próxima sesión?
Ron Hubbard: No hay ningún inconveniente.
SESIÓN DEL 25/11/03
.
Ron Hubbard: Haz un par de preguntas cortas que el receptáculo está muy cansado.
Interlocutor: Bien. ¿Quién mató a Kaspar Hauser, el viajero del tiempo? Le leo las crónicas sobre este personaje para que quede grabado:
"La creencia popular sostenía que Kaspar era hijo ilegítimo de la Casa Real de Baden, apartado y mantenido encerrado a favor de otro heredero. Un famoso abogado, Anselm von Feuerbach, estudió su caso y defendió la teoría del heredero suplantado. Pero Feuerbach murió en 1833, y poco después Kaspar apareció en casa de su maestro sangrando por múltiples heridas de arma blanca, en los pulmones y en el hígado, y afirmando que un extraño lo había atacado en el parque, el que antes de herirlo le había entregado una nota en la que escribió: 'Soy de la orilla del río. mi nombre es MLO' . Para aumentar el misterio, la frase estaba escrita de manera especular, es decir que solamente podía ser leída con ayuda de un espejo. Los escépticos pretendieron hacerle admitir que se había apuñalado a sí mismo para reavivar el interés sobre su caso, pero tres días más tarde Kaspar moría, no sin antes decir: 'No lo hice yo' . Ésta no fue la primera vez que atentaban contra su vida: cuatro años antes ya había sucedido algo similar: en octubre de 1929 lo encontraron inconsciente con una herida en la frente. Cuando recobró el habla contó algo sobre un atacante enmascarado".
Ron Hubbard: Lo podremos analizar en otra ocasión con mayor profundidad, pero desde ya te adelanto que se trató de guerras de pandillas donde Kaspar Hauser fue confundido.
Interlocutor: ¿Nada que ver, entonces, con que haya venido alguien del futuro a matarlo o algo parecido?
Ron Hubbard: No, para nada. Además, es una cuestión de sentido común, ya que casi siempre los ataques con arma blanca son cosas de pandillas.
Interlocutor: Doy el asunto por terminado definitivamente porque no tiene sentido perder el tiempo en averiguar algo así.



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