martes, 4 de agosto de 2009

Los Moais de la isla de Pascua






Pascua es una pequeña isla de aproximadamente 80 kilómetros cuadrados, del Océano Pacífico en la Polinesia, ubicada a 3.760 km de la costa de Chile, país al que pertenece desde 1888, y es famosa por las gigantescas efigies de piedra, conocidas también como moai. Su nombre indígena es Rapa-Nui, o también se le conoce como Marakiterani o ''los ojos que miran al cielo".
Los moai son figuras de piedra de enormes dimensiones con forma humana cubiertas con algo que parece un sombrero cilíndrico. Las gigantescas cabezas sobresalen del árido suelo, tienen las orejas largas y grandes, y miran hacia el sol como esperando la llegada de algo o alguien, de manera algo altanera.
Fue descubierta la tarde del Domingo de Pascua de 1.722 por el marino holandés Jacob Roggeveen. Ese mismo día, la expedición de Roggeveen partió, no sin antes hostigar a los nativos de la isla, debido a que los indígenas se encargaron de robarles algunas de sus pertenencias, entre ellas muchos... ¡sombreros!.En 1.770 el español don Felipe G. Ahedo desembarcó en la isla y tomó posesión de ella en nombre del rey de España, llamándola: San Carlos, nombre que después fue olvidado y retomó el de Pascua.Después, en 1.774, el capitán inglés James Cook visita la isla y halló restos de antiguos e inteligentes pobladores, debido a sus construcciones, caminos pavimentados, instalaciones portuarias y numerosas aldeas que fueron hechas a base de piedra.
En la isla existen diferentes grupos de estatuas:- Doscientas setenta y seis hacen guardia en las laderas del volcán.- Trescientas están derribadas sobre los ahus que rodean los altos acantilados de la isla.- Otras están a lo largo de antiguos caminos.- 80 quedaron sin terminar.
Algunas que estuvieron montadas sobre plataformas funerarias son bustos enormes, sin piernas y a veces alcanzan los 10 metros de altura y 7,6 metros de diámetro y pesan 20 toneladas, tienen un cilindro, un rojo copete de 1,8 x 2,4 m y se supone que estos "sombreros" fueron extraídos del cráter del volcán Rano Roi.Se diferencian de las otras por tener los ojos abiertos y estar mirando a la tierra, de espaldas al mar.
Las estatuas que impresionan son las que están en las laderas del Rano Raraku. Sus narices se vuelven hacia arriba y sus delgados labios se proyectan hacia adelante en un gesto de burla y desdén. Carecen de ojos y las proyecciones descendentes a los costados pueden representar orejas alargadas o una prenda para la cabeza. La más grande es de veintidós metros y la más pequeña de tres.





LOS PRIMEROS POBLADORESRobert Longdon, un inglés, afirma que los primeros en llegar fueron unos navegantes enviados por el faraón egipcio Ptolomeo III.
Una de las teorías que más predomina, es que Pascua fue poblada en el siglo V por polinesos procedentes de Asia. Que para descubrir la remota isla de Pascua tuvieron que navegar casi hasta la Antártida a fin de encontrar la corriente meridional y evitar la corriente de Humboldt que fluye hacia el oeste.
Otra teoria dice que para el siglo IV d.C. llegó una tribu al mando de un rey llamado Hotu-Matua, quienes tenían técnicas bastante desarrolladas para esculpir la piedra. Una de las características también del Perú.
Thor Heyerdahl defiende ésta última. En 1947 hizo un viaje desde Perú, que duró 102 días, hasta llegar al archipiélago Tuamotu. Heyerdahl sostenía que los navegantes americanos eran blancos caucásicos, inmigrantes no identificados del Mediterráneo, los "hombres blancos barbados", que habían construido la ciudad de Tiahuanaco a 3800 metros de altura en los Andes. Ellos habían viajado mas de 3.000 km. hacia la isla de Pascua donde erigieron cientos de gigantescas estatuas de piedra que representaban a los crueles y desdeñosos antepasados caucásicos.
El entonces alcalde del lugar, don Pedro, un hombre de cabello rojizo, contó al investigador noruego el por qué era diferente a los demás: era descendiente de los "orejas largas", los supuestos antiguos pobladores de la isla. Eran llamados así porque colgaban pesas del lóbulo de sus orejas para alargarlas. Provenían del Perú.
Existían además los "orejas cortas", polinesios provenientes del Oeste. Los primeros tenían o creían tener un origen divino y esclavizaron a los segundos, quienes se ocupaban de las labores más pesadas. Pero un buen día los "orejas cortas" se revelaron contra sus amos y los echaron a una zanja que habían hecho. Sólo quedó con vida uno de los "orejas largas", del cual descendía el alcalde. Heyerdahl efectivamente encontró restos humanos en donde supuestamente fueron enterrados los "orejas largas".
En los años 30 el astrólogo francés Dom Neroman afirmaba que la isla estuvo poblada por una civilización de origen hindú que estaba instruida en los secretos del Cosmos, conocía además un sistema capaz de crear en el planeta polos positivos para atraer ondas benéficas y polos negativos para hacer lo contrario.

Henry Lavachery, sostenía que la isla tuvo una especie de escuela de estrellas, en donde enseñaban a los elegidos sobre los peligros y beneficios de los astros y sus visitantes.
Thor Heyerdahl, por su parte, en su expedición también descubrió una especie de observatorio solar en la cumbre del volcán Rano Raraku, donde se hallaron gran cantidad de estatuas.
En los sesenta William Mulloy afirmó que: "la isla de Pascua es uno de los lugares más aislados del mundo, y sin embargo, con una población que nunca superó los cuatro mil habitantes, encontraremos contrastes de complejidad cultural, textos que no están relacionados con ningún material escrito exterior, una política capaz de planificar y coordinar las obras públicas, un sacerdocio organizado y un interés en fenómenos celestes como los equinoccios y los solsticios". Según Mulloy, la isla de Pascua estuvo habitada, hace milenios por seres no terrestres, quizás mucho antes de los "orejas largas".


Quizá, pues muchas leyendas locales hablan de que un día al año, el sol penetraba hasta el interior de las cabezas como una especie de rayo que les daba vida y eran conducidas al lugar asignado, de ahí que cuando se les pregunta a los pobladores "¿cómo fue que las efigies llegaron a ese lugar?", ellos únicamente responden "a pie".


En 1986, el ingeniero checo Pavel Pavel visitó Rapa Nui como miembro de una expedición arqueológica de Thor Heyerdahl. Pavel Pavel fue invitado como especialista en el tema de transporte de las estatuas y para demostrar su teoría de cómo los moai fueron transportados. El resultado de este experimento fue el exitoso traslado de un moai de 4 toneladas en Tongariki. La teoría de Pavel Pavel se basó en la tradición oral Rapa Nui que dice que los moai caminaron a su destino, esto combinado con el concepto de que cada moai posee un centro de gravedad. Atando una cuerda alrededor de la cabeza y otra alrededor de su base, un grupo de sólo 17 personas logró hacer caminar el moai.

Y si se puede subrayar de misterio actual el enigma moai, pues apenas tiene 272 años. Debemos de remarcar que este no es el único misterio de la Isla, y que algunos tienen una antigüedad superior. Ejemplo son sus túneles que perforan el lugar silenciosamente desde hace milenios.
Y es que en Pascua se hallaron estas perforaciones que comunicaban la isla con el mar. Y se cree que en la época en que estas leyendas se originaron, las vías subterraneas pudieron tener alguna utilidad: comunicar la isla con otras, o hacer descender los moais hasta el mar, para luego ser enclavados en la costa .
¿Desaparecieron por allí los orejas grandes?. Así sin más desvanecidos entre las interrogantes que dejaron a su paso por la isla.
No sería del todo descabellado si nos atenemos a otro suceso de desaparión súbita multitudinaria que vivió otra cultura en una isla no muy lejana geográficamente a Rapa-Nui. Por supuesto nos referimos a los moradores de Ponapé. En su día el centro de un reino que controló la sociedad de numerosas islas de la polinesia. Sólo que en este caso hablamos de milenios. Que no han podido borrar el rastro de su existencia (ruinas y restos arqueológicos difuminados en incomntables islas polinésicas). Ponapé, la capital rica en templos de basalto y colosales palacios, llena de canales y sostenida sobre una serie de subterráneos de función desconocida. Esta zona vió como sus viviendas, plazas públicas, mercado y el enome tonelaje de su arco de piedra quedaba abandonado, desierto, sin rastro de sus pobladores, sin datos sobre sus orígenes o identidad. Pero sobre todo sin información sobre el destino que corrieron.

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