sábado, 1 de agosto de 2009

Grandes escritores malditos

Jim Thompson



Jim Tompson, probablemente uno de los autores emblemáticos de la edad de oro de la novela negra. No gozó, sin embrago, de la fama que sus coetáneos tuvieron. Antes de dedicarse a escribir, primero como periodista y después como escritor, desempeñó múltiples trabajos, botones de hotel, camionero, especialista en explosivos, camarero, vigilante; experiencias que después reflejaría en sus novelas y de las que resalta una visión muy crítica de la sociedad americana.Su padre, James Sherman Thompson, apodado Big Jim, sheriff del condado de Caddo, se presentó a las elecciones para el congreso y fue derrotado el mismo año que nacía el pequeño Jim. A continuación tuvo que huir a Méjico para evitar problemas legales por malversación de fondos públicos. La vida azarosa de su progenitor, fue en parte narrada por el propio Jim Thompson en su novela autobiográfica: Bad Boy (1953). El Gran Jim era un hombre inquieto, jugador compulsivo que izo fortuna con el petróleo y la dilapido rápidamente. JimTompson, creció bajo la influencia de su abuelo quien lo inició en la lectura de los clásicos y con trece años, lo llevaría secretamente a algunas actuaciones del cabaret burlesque y guiaría sus primeras experiencias de adolescente. Empieza a escribir muy joven y cuando se instalan en Tejas, en los años 20, ya había publicado algunos cuentos en revistas.Mientras asistía durante el día, a la escuela segundaria, trabajaba por las noches como botones en el Gran Hotel de Tejas, sacándose un sobre sueldo sustancioso aprovisionando a los huéspedes en alcohol y otras mercancías. Al cabo de 2 años de ese ritmo frenético, bebiendo y fumando cantidades ingentes para mantenerse en pie, cae gravemente enfermo. Tardara un año en reponerse, tiene entonces 19 años y se marcha a trabajar junto a su padre en los campos petrolíferos. Su adscripción al Partido comunista alrededor de 1935, tiene lugar durante su estancia en Oklahoma, siendo miembro del Oklahoma Writer's Project que ayudó a escritores durante la depresión, una decisión que él explica en su primera novela como siendo atraído por la "buena conversación," y "bastante disgustado con los partidos de la vieja-línea. Dejó el partido comunista antes de 1938 y a pesar de aparecer en algunas listas negras de antiamericanos, no fue demasiado inquietado por la comisión Maccarty.En septiembre de 1931Thompson se casa con Alberta una telefonista, con la que tendrá tres hijos. Su primera novela, Now and On Earth (1942) (Aquí y ahora) es en gran parte autobiográfica, en ella el padre del protagonista muere en un asilo, suicidándose comiendo el relleno de su colchón, una referencia directa a lo ocurrido a su padre un año antes en el asilo donde residía. Heed the Thunder, (1946) su segunda novela, transcurre en una pequeña comunidad de Nebraska donde ya, Tompson se adentra en los oscuros recovecos del alma.Nothing More Than Murder (1949) (Sólo un asesinato), es la obra que da comienzo a su carrera como autor de novela negra que a la postre le valdrá ser recordado. En esta novela los personajes son pequeños empresarios del sector de la distribución y exhibidores de cine. Un gremio al que el autor perteneció, sale identificado en el papel de Jim Nedry ,el proyeccionista. En la siguiente, The Killer Inside Me (1952) (El asesino dentro de mí) aparece el sheriff adjunto Lou Ford que volverá a tener protagonismo en Wild Town (1957) (Ciudad violenta). De todas sus obras, 1280 almas es la más destacada y considerada por muchos su mejor novela. Contiene todos los referentes tompsonianos. Asesinos sicópatas, agentes de la ley depravados, una bajada a los infiernos de la América más profunda. Protagonizada por Nick Corey, sheriff de Pottsville, una pequeña población rural (Jim Tompsosn retornara una y otra vez a sus propios antecedentes personales), ve peligrar su puesto debido a las inminentes elecciones y emprenderá su particular campaña de limpieza. A pesar de sus tendencias abúlicas, su natural de psicópata le empujara a actuar, eliminando primero a dos macarras que se mofaban de él. Corey, como si de una tarántula letal se tratara, va tejiendo una invisible pero infranqueable red, en la que quedan atrapados todas y cada una de las personas que suponen no sólo un obstáculo sino incluso una leve molestia para su vegetativa existencia. La falta de remordimientos y escrúpulos, la crueldad y frialdad con que las ejecuta, hace que la psicosis de Corey se quede impresa en el consciente del lector mucho después de cerrar el libro. Jim Tompson continua la galería de retratos de seres patéticos, monstruos y desalmados en el resto de sus numerosas novelas que conforman un universo donde la gente sencilla es victima de la irracionalidad ambiente.
En los cincuenta escribió diferentes guiones cinematográficos para Holywood. La adaptación para Stanley Kubrick de The Killing (Atraco perfecto)…. Y The Paths of Glory (Senderos de gloria) dejaran un amargo rastro en las relaciones con el director de cine, al no corresponderse la aparición en los créditos de la película con la que había sido su labor. Siguió trabajando en guiones sin demasiado interés, para la televisión, el más notable fue la serie de Ironside, (El hombre de Hierro) con el actor Raymond Burr. La mayoría de sus trabajos fueron fruto de encargos y trabajos alimenticios. El autor de El asesino dentro de mí, 1280 almas, La huida etc. fue sobreviviendo en medio del alcoholismo, achaques a su salud, y continuos problemas económicos. Thompson que recogía a menudo material de sus propias experiencias vitales escribió una autobiografía novelada, Bad Boy (1953) y en The Alcoholics (1953) relató algunos de sus problemas personales con el alcohol.
Murió el 7 de abril de 1977 en Hollywood, California. Una errata en el anuncio de su muerte, propició que sólo acudieran a su entierro algunos miembros de su familia y muy pocos amigos íntimos.
Que estaba destinado a un éxito póstumo, Thompson lo intuía, y poco antes de morir pidió a su esposa que guardara sus manuscritos, augurando que probablemente a los diez años de su muerte le reconocerían sus meritos.


Guthrie. Así ha decidido llamar Winterbottom al pueblo en que habita el desquiciado protagonista de El asesino dentro de mí, Lou Ford. El realizador cambia así el Central City del texto original por un nombre que parece querer hacerle un guiño al juego de referencias biográficas con el que Jim Thompson (Oklahoma 1906-California, 1977) llenó la treintena de novelas negrísimas que escribió a lo largo de una vida atormentada, mojada en alcohol y golpeada por la mala suerte.
Guthrie podría ser el compositor folk Woody Guthrie, otro hijo de Oklahoma, habitante del sur de EEUU en los tiempos de la Gran Depresión y amigo de Thompson con el que compartió la afiliación comunista que, en el caso del escritor, no duraría demasiado. En realidad, nada sería duradero en la vida de Thompson, a excepción de un matrimonio poco feliz y su afición por el alcohol. La literatura tampoco le falló, aunque estaría unido a ella con menos fortuna que talento.
Una vida de fantasmas
La literatura de Thompson, siempre cinematográfica, está habitada por dos fantasmas: el sur de Estados Unidos, que es asfixiante, macabro, degenerado. Sus pueblos son, como se suele decir, infiernos grandes. El otro espectro es su padre -sheriff, republicano, corrupto-, que es la inspiración de los hijos de puta que habitan las páginas del escritor: del Lou Ford de El asesino dentro de mí, al cínico Nick Corey de 1280 almas. Brutalidad y empatía conviven en sus personajes. Ocurre en Ford, ese encantador psicópata de la novela que Kubrick consideró el mejor retrato criminal que cayó en sus manos.


"Hay 32 maneras de escribir una historia, y yo las he usado todas"
Tras leerlo, el director enganchó a Thompson como guionista para Atraco perfecto (1956) y para Senderos de gloria (1957). Pero, las mieles del nuevo oficio (que sumar al de botones o mecánico de aviones, además de escritor pulp) duró poco y acabó con un amargo capítulo: una disputa por la adaptación que Sam Peckimpah hizo de su novela La huida en la que Thompson acabó, para variar, perdiendo.
Pero él seguiría escribiendo series de televisión o, repentinamente, para Robert Redford, que le encargó un guión que nunca llegó al cine. El moriría pobre y roto por el alcohol, pero su influencia seguiría siendo puntual pero intensa, sobre todo en Francia, país que acabó mitificándolo y restregándoselo en la cara a Hollywood, que no retomaría el potencial cinematográfico del autor hasta los noventa. Amargo, Jim Thompson dejó dicho: "Hay 32 maneras de escribir una historia, y yo las he usado todas, pero sólo hay una trama y es que las cosas nunca son lo que parecen". En su caso, nada fue lo que pudo ser.

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